Obsolescencia Programada: cultura del usar y tirar

Muchos de los aparatos electrónicos que usamos a diario se estropean a los pocos años aunque se encuentren en buen estado general. La reparación de las piezas que fallan es normalmente muy costosa y por este motivo uno opta por comprar un nuevo dispositivo.

Este fenómeno no es algo casual, ya que los fabricantes han diseñado los dispositivos para que dejen de funcionar después de un cierto tiempo. Pero también, en el caso específico de los smartphones, se empuja y obliga al cambio a partir del argumento de la falta de capacidad para correr lás más nuevas aplicaciones, lo cual, en la gran mayoría de los casos, evidencia una profunda y patética mentira que la sociedad decide acompañar. Cuando esto ocurre se habla de la obsolescencia programada.

La finalidad de esta estrategia es evidente: desenvolver cosas deliberadamente imperfectas, o establecer una fecha de expiración, para que uno no deje de comprar.

La obsolescencia programada es el secreto mejor guardado de la sociedad de consumo

Imaginemos una simple bombilla que pudiera funcionar correctamente después de veinte, treinta o cuarenta años. Desde el punto de vista del consumidor, se trata de un excelente producto. Sin embargo, desde la perspectiva del fabricante existe un problema: la bombilla que se pone a la venta no es rentable económicamente, pues se necesitan vender miles y miles de bombillas para alcanzar un beneficio empresarial. El ejemplo de la bombilla es extrapolable a lavadoras, fotocopiadoras, televisores y, en definitiva, a una larga lista de aparatos.

De una manera generalizada los fabricantes saben cuándo los aparatos dejarán de funcionar adecuadamente. Las consecuencias de esta situación son conocidas por todos:

1) vivimos en la cultura del usar y tirar y

2) se produce un deterioro medioambiental que atenta contra la sostenibilidad del planeta, ya que los recursos naturales que se necesitan para mantener el modelo son limitados.

Un dilema que no es fácil de resolver

La obsolescencia programada nos recuerda que el sistema económico capitalista presenta desajustes y contradicciones. Por una parte, si el consumo decrece se produce un debilitamiento de la economía. Por otro lado, los consumidores que adquieren dispositivos diseñados para fallar están siendo manipulados, ya que al adquirir un nuevo aparato desconocen que su vida útil ha sido programada para dejar de funcionar.

En Francia se ha iniciado una batalla legal contra la obsolescencia programada

En 2014 el parlamento francés aprobó una ley para proteger a los consumidores de esta práctica irregular. El objetivo del marco legislativo es crear un profundo cambio en el planteamiento empresarial de los fabricantes y en la actitud de los consumidores.

En lugar de fabricar aparatos perecederos a corto y medio plazo, se pretende que los aparatos sean más duraderos, más fiables y fácilmente reparables.

Imagen Fotolia: nicolaiivanovici, jossdim

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